El siguiente es un cuento zen que ilustra la afinidad que existe entre las enseñanzas de Jesús y la espiritualidad oriental:
Un monje, discípulo del maestro zen Gasan, fue a estudiar en la universidad de Tokio. Cuando regresó, le preguntó a su maestro:
-Maestro Gasan, ¿has leído alguna vez la Biblia, que es el libro sagrado de los cristianos?
-No, nunca la he leído –respondió el maestro-. Léeme algo de ella, por favor.
El monje abrió la Biblia en el evangelio según San Mateo, y leyó estas palabras de Jesús:
Un monje, discípulo del maestro zen Gasan, fue a estudiar en la universidad de Tokio. Cuando regresó, le preguntó a su maestro:
-Maestro Gasan, ¿has leído alguna vez la Biblia, que es el libro sagrado de los cristianos?
-No, nunca la he leído –respondió el maestro-. Léeme algo de ella, por favor.
El monje abrió la Biblia en el evangelio según San Mateo, y leyó estas palabras de Jesús:
«No anden preocupados por su vida: ¿qué vamos a comer?, ni por su cuerpo: ¿qué ropa nos pondremos? ¿No es más la vida que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Miren cómo las aves del cielo no siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas, y el Padre celestial, Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede alargar su vida? Y ¿por qué preocuparse por la ropa? ¡Miren cómo crecen las flores del campo! No trabajan ni tejen, pero yo les aseguro que ni Salomón en el esplendor de su gloria se vistió como una de esas flores. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy florece y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? ¿Por qué pues, tantas preocupaciones: “¿Qué vamos a comer?, o “¿qué vamos a beber?”, o “con qué nos vestiremos?” Los que no conocen a Dios se preocupan por esas cosas. Pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura. Ni se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo. Basta con las penas del día.»
El maestro Gasan permaneció en silencio durante un largo tiempo.
-Sí, -dijo finalmente- quien haya pronunciado estas palabras es un Buddha (un ser iluminado). ¡Lo que acabas de leerme es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte aquí!
El maestro Gasan permaneció en silencio durante un largo tiempo.
-Sí, -dijo finalmente- quien haya pronunciado estas palabras es un Buddha (un ser iluminado). ¡Lo que acabas de leerme es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte aquí!
Cuento Zen

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